II Ni la inquietud De quien viaja solo En el eterno virar De la tarde feriada Tampoco aquello Inexplorado Recibido como gracia De una mujer desconocida Tal vez, como en un cuadro de Chirico, La contemplación serena y muda De una sombra que se escapa Dejando en el lienzo de las horas su sfumato vaposoro

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